Por Williams Ramos · La Tribu Despierta · Septiembre 2026
El coaching sistémico es un enfoque de coaching que, además de trabajar contigo, mira al sistema del que formas parte: tu familia, tu pareja o tu equipo. En vez de preguntar solo qué te pasa a ti, pregunta de qué conjunto de vínculos forma parte lo que te pasa. Es coaching, no terapia.
Un problema que cambia de cara pero no desaparece
Hay problemas que se resuelven cambiando lo que haces. Cambias de trabajo, pones un límite, aprendes algo nuevo, y el asunto se cierra ahí. Pero hay otros que vuelven; con otra cara, en otro sitio, con otras personas, y sin embargo vuelven.
Cambias de empresa y a los seis meses estás otra vez en la misma conversación de siempre, con un jefe distinto. Te propusiste no repetir con tu hija o tu hijo lo que hicieron contigo, y un día te oyes decir exactamente aquella frase. Te fuiste de una relación y entraste en otra que, mirándola de lejos, se parece demasiado a la anterior.
Eso tiene nombre desde hace casi setenta años. El psiquiatra Don D. Jackson lo llamó homeostasis familiar en 1957, en un artículo publicado en The Psychiatric Quarterly: un grupo de personas unidas por vínculos tiende a mantener su equilibrio, y cuando un miembro cambia, el conjunto empuja despacio para devolverlo a su sitio de siempre.
Cuando eso pasa, casi todo el mundo busca la explicación en el mismo sitio: qué te pasa a ti, qué tienes tú que no funciona. El coaching sistémico mira a otro lado, y por eso a veces encuentra lo que llevabas años sin ver, cansado/a de darle vueltas en solitario.
La diferencia con un coaching individual
Un coaching individual trabaja contigo: tus objetivos, tus creencias, tus decisiones, lo que dependía de ti y no estabas haciendo. Funciona, y funciona bien, en todo lo que está dentro de tu alcance.
El enfoque sistémico añade una pregunta que el individual no suele hacerse: ¿de qué sistema forma parte esto que te pasa? Una familia es un sistema. Un equipo, una empresa, una pareja o una cuadrilla de amigos de toda la vida, también. Son conjuntos de personas unidas por vínculos, con su historia, sus reglas no escritas y su reparto de papeles.
Salvador Minuchin le puso estructura a esa idea en Families and Family Therapy, publicado por Harvard University Press en 1974: describió las familias como sistemas con fronteras, alianzas y jerarquías que se pueden observar, y sostuvo que el síntoma de una persona suele estar sosteniendo la organización del conjunto.
Dentro de un sistema nada ocurre suelto. Lo que tú haces sostiene algo, y algo te sostiene a ti. En lugar de preguntar solo qué te pasa, se pregunta también a quién le estás siendo fiel sin saberlo.
De dónde viene esta forma de mirar
No es una moda de coaching ni una ocurrencia reciente. Viene de un cambio de mirada que empezó en la biología con Ludwig von Bertalanffy y su teoría general de los sistemas, publicada en 1968: un ser vivo no se entiende sumando sus partes, porque lo que lo explica son las relaciones entre ellas.
Esa idea saltó a la psicología en Palo Alto, California, donde Don D. Jackson fundó el Mental Research Institute en 1959. De ese grupo salió Teoría de la comunicación humana, que Paul Watzlawick, Janet Beavin y el propio Jackson publicaron en 1967, y donde se estudia la comunicación como un juego de pautas entre personas y no como mensajes sueltos.
De ahí pasó a las empresas con Peter Senge y La quinta disciplina, en 1990, que llevó el pensamiento sistémico a las organizaciones. Bert Hellinger, más tarde, popularizó una forma concreta de trabajar estas dinámicas en grupo, representando el sistema en el espacio con personas que ocupan el lugar de cada miembro. De ahí nacieron las constelaciones familiares.
El coaching sistémico toma de todo ese recorrido la mirada, nunca el tratamiento; la terapia familiar sistémica de los años sesenta y setenta era terapia, y esto no lo es.
Coaching sistémico y constelaciones familiares no son lo mismo
Se confunden a menudo, así que conviene separarlos. El coaching sistémico es la mirada, y se aplica en sesión individual, con conversación y con herramientas de representación cuando aportan algo.
Una constelación familiar es un formato concreto de trabajo, normalmente en grupo, donde el sistema se representa con personas y se observa lo que ocurre al colocarlo en el espacio. Puedes hacer coaching sistémico sin hacer nunca una constelación; una es la herramienta y la otra es la mirada de fondo.
La idea de sacar un conflicto de la cabeza y ponerlo en el espacio es bastante anterior a las constelaciones. Jacob Levy Moreno dirigió la primera sesión de psicodrama en Viena en 1921, y de aquel trabajo con la escena viene la intuición que comparten todos estos formatos: hay cosas que se entienden al verlas colocadas, y que no se entienden hablando de ellas.
Cuándo tiene sentido probarlo
No hace falta que tu situación sea dramática para que este enfoque aporte algo. Sirve cuando ya has trabajado lo que dependía solo de ti y aun así el asunto no se mueve, o cuando el mismo conflicto reaparece con protagonistas distintos y tú sigues siendo el único punto en común.
Sirve también cuando lo que te pasa no cabe en una sola frase: no es solo el trabajo, no es solo la pareja, no es solo la familia, sino algo que se repite en varios sitios a la vez con la misma forma. Ahí es donde mirar el sistema entero, y no solo tu parte, empieza a explicar cosas que antes no encajaban.
No hace falta tenerlo claro ni saber nombrar el patrón antes de empezar. Eso, precisamente, es lo que se ordena en sesión, sea la persona que llega la que está perdido/a o la que ya intuye de qué va esto y solo necesita alguien que lo confirme desde fuera.
Cómo se trabaja en una sesión de coaching sistémico
No hay un guion fijo, pero sí un orden que se repite. Se empieza como en cualquier sesión de coaching: qué te trae, qué querrías que fuera distinto y qué has intentado ya.
A partir de ahí cambian las preguntas. En vez de quedarte en lo que tú haces, se mira el mapa completo: quiénes están en esta historia, quién llegó antes, quién sostiene qué, qué se dice y qué se calla, y qué lugar ocupas tú en ese reparto.
Cuando hace falta verlo y no solo hablarlo, se usan herramientas de representación: colocar en el espacio, con objetos o con papeles, a cada parte del sistema. El trabajo no consiste en repartir culpas hacia atrás, sino en poner cada cosa en su sitio y decidir, desde ahí, qué haces tú con lo que te toca.
Las sesiones presenciales se hacen en Centro Aurus, en la avenida Cercado Corazón 3, locales 9 y 10, Santa Cruz de Tenerife; también hay opción de sesión por videollamada para quien está fuera de la isla o prefiere trabajarlo así.
Qué no es el coaching sistémico
Esto es coaching, no sanidad, y merece decirse sin rodeos. No es psicoterapia y no sustituye a un tratamiento psicológico ni psiquiátrico. No diagnostica, no trata enfermedades y no promete curar nada.
La frontera no es una opinión nuestra. La International Coaching Federation publicó en 2018 una guía específica sobre cuándo derivar a una persona a terapia, y el criterio principal que propone es el funcionamiento diario: si lo que trae interfiere con su vida cotidiana, corresponde a un profesional sanitario y no a una sesión de coaching. Si eso aparece en sesión, se dice y se deriva.
Tampoco es adivinación ni una lectura del pasado familiar para explicarlo todo; nadie va a decirte que lo que te pasa hoy estaba escrito hace tres generaciones. Se trabaja con lo que aparece, se ordena, y se decide qué hacer desde el presente. Y no es una sesión para repartir responsabilidades entre tu familia, tu jefe o tu pareja: entender el sistema sirve para dejar de cargar lo que no te tocaba, no para tener a quién culpar.
Para mirarte
¿Hay algún problema que ya has resuelto varias veces, en sitios distintos y con personas distintas?
¿Qué papel te tocó en tu familia desde muy pronto, y sigues sosteniendo hoy sin que nadie te lo pida?
¿A quién le estarías siendo fiel si te permitieras cambiar esto de verdad?
Preguntas frecuentes
¿Qué es el coaching sistémico, en una frase?
Es un enfoque de coaching que trabaja contigo mirando también el sistema de vínculos del que formas parte, sea tu familia, tu pareja o tu equipo, porque da por hecho que lo que te pasa no ocurre suelto. Es coaching, no terapia, y bebe de la teoría de sistemas y de las constelaciones familiares y organizacionales.
¿De dónde viene el enfoque sistémico?
De la teoría general de los sistemas de Ludwig von Bertalanffy, publicada en 1968, que pasó a la psicología a través del Mental Research Institute de Palo Alto, fundado por Don D. Jackson en 1959. Peter Senge lo llevó a las organizaciones en La quinta disciplina, en 1990, y Bert Hellinger popularizó después el formato de las constelaciones.
¿Es lo mismo que la terapia familiar sistémica?
No, y la diferencia importa. La terapia familiar sistémica es una psicoterapia, la ejerce personal sanitario y trata problemas de salud. El coaching sistémico comparte la mirada, no el encuadre: no diagnostica ni trata, trabaja sobre objetivos y decisiones del presente, y deriva cuando lo que aparece corresponde al ámbito clínico.
¿Y una constelación familiar es lo mismo?
Tampoco. La constelación es un formato concreto, casi siempre en grupo, donde el sistema se coloca en el espacio con personas que representan a cada miembro. El coaching sistémico es la mirada de fondo, y se aplica en sesión individual sin necesidad de montar una constelación.
¿Hace falta creer en algo para que esto funcione?
No. No se pide creer en nada, ni hay nada que aceptar de antemano. Lo que se hace en sesión es mirar quién está en la historia, qué lugar ocupa cada uno y qué sostiene cada quien; a partir de ahí decides tú. Quien llega escéptico/a suele trabajar igual de bien, y a veces mejor, porque no da nada por bueno sin verlo.
¿Sirve para temas de trabajo o solo de familia?
Para los dos, y muchas veces son el mismo tema en dos escenarios distintos. La forma en que se colocó la autoridad en una casa suele reaparecer entera en una oficina, y con otro nombre.
¿Puedo hacerlo si estoy en tratamiento psicológico?
Sí, y conviene decirlo al empezar para que las dos partes lo sepan. El coaching no sustituye a la terapia ni interfiere con ella cuando hay esa transparencia. Si lo que aparece en sesión corresponde al ámbito sanitario, se deriva a quien corresponda.
Una primera conversación, sin compromiso
La primera sesión es exploratoria, dura treinta minutos y es gratuita. Sirve para contar qué te trae y salir sabiendo si esto encaja con lo que buscas.
