Ansiedad, estrés y burnout: el enfoque desde el coaching
Coaching, no terapia

Ansiedad, estrés y burnout: qué son y qué puede hacer un proceso de coaching

Hay una manera de vivir que se ha vuelto tan común que ya casi no se nombra: llegar al final del día sin nada dentro, dormir mal, levantarse cansada o cansado y volver a empezar.

Nadie diría que estás mal. Cumples, respondes, sostienes. Y aun así hay algo que lleva meses pidiendo sitio y no lo encuentra.

Esta página no viene a ponerle una etiqueta a eso. Viene a explicar con calma qué son el estrés, la ansiedad y el burnout, en qué se diferencian, y qué puede aportar un proceso de coaching cuando lo que hace falta no es un diagnóstico sino cambiar la forma de sostener el día.

Dos adultos conversando sentados frente a frente en sillones junto a una ventana
Imagen generada con IA
Antes de seguir leyendo

Lo primero, y con todas las letras: esto es coaching, no es terapia

Aquí no se diagnostica, no se trata ningún trastorno y no se sustituye a ningún profesional sanitario. No somos psicólogos ni médicos, y no lo decimos de pasada: lo decimos porque marca dónde empieza y dónde termina lo que podemos hacer contigo.

Lo que sí trabajamos en coaching: los hábitos que sostienen tu día, la organización de tu tiempo, los límites que no estás poniendo, las decisiones que llevas meses aplazando, la relación que tienes con tu trabajo y con lo que esperas de ti.

Lo que corresponde a un profesional sanitario: un trastorno de ansiedad, una depresión, un insomnio persistente, una crisis de pánico, cualquier cuadro que necesite evaluación clínica, diagnóstico o tratamiento.

Si en la primera conversación aparece algo de esa segunda lista, te lo decimos y te derivamos. Sin rodeos y sin cobrarte por descubrirlo más tarde. Y si ya estás en tratamiento psicológico o médico, un proceso de coaching puede convivir con él, siempre con tu profesional al corriente, nunca en su lugar.

Y una cosa más, que preferimos escribir aunque incomode. Si lo que sientes es un malestar que no afloja, o aparecen pensamientos de hacerte daño, esto no es lo que necesitas ahora mismo.

En España: línea 024 de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Para una urgencia vital, 112.
Estrés y ansiedad

Qué es el estrés, y por qué no es lo mismo que la ansiedad

El estrés es una respuesta, física y emocional, a un desequilibrio entre lo que se te exige y lo que sientes que puedes sostener. Así lo define el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, y esa palabra, desequilibrio, es la clave: el estrés no aparece porque haya mucho trabajo, aparece cuando la demanda supera a los recursos que tienes para responder.

Tiene una causa que se puede señalar con el dedo: una entrega, un conflicto, una mudanza, un mes imposible. Cuando esa causa se resuelve, la respuesta baja.

La ansiedad funciona distinto. Se define como una preocupación persistente y excesiva que no se va aunque el problema que la encendió ya no esté delante. Ahí está la diferencia que más ayuda a entender qué te pasa: el estrés tiene un porqué visible y la ansiedad puede seguir encendida sin él.

Los dos son respuestas normales del cuerpo humano y los dos han salvado vidas durante miles de años. El problema no es sentirlos: es vivir instalada o instalado en ellos.

Dónde deja de ser una reacción normal

Hay una frontera y conviene conocerla. Cuando la ansiedad se mantiene durante meses, afecta al ánimo y empieza a estorbar el funcionamiento del día a día, ya no hablamos de una reacción: hablamos de un cuadro que evalúa y trata un profesional sanitario. La propia Asociación Americana de Psicología lo dice sin adornos: si el malestar no responde a lo que haces para manejarlo, o si ya te está afectando al ánimo y al día, toca consultar.

Reconocer esa frontera no es rendirse. Es la única forma de que cada cosa la atienda quien corresponde.

Burnout

Qué es el burnout, y por qué la OMS no lo llama enfermedad

El burnout tiene una definición oficial y conviene citarla bien, porque circula mucha confusión.

La Organización Mundial de la Salud lo incluyó en la CIE-11, la clasificación internacional de enfermedades, con el código QD85. Y lo hizo con un matiz que casi nadie cuenta: no está clasificado como enfermedad, sino dentro del capítulo de factores que influyen en el estado de salud, en el apartado de problemas asociados al empleo o al desempleo. La OMS lo llama fenómeno ocupacional.

Su definición: un síndrome resultante del estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha gestionado con éxito. Y añade algo importante, que el burnout se refiere a lo que ocurre en el contexto laboral y no debería usarse para describir experiencias de otras áreas de la vida.

Las tres señales que describe la OMS

La primera es el agotamiento: sensación de que la energía se ha vaciado y no se recupera con el fin de semana.

La segunda es la distancia mental con el propio trabajo, que aparece como negatividad o cinismo hacia algo que antes te importaba. Es la señal que más suele sorprender a quien la vive, porque no se parece al cansancio: se parece a la indiferencia.

La tercera es la sensación de que ya no haces bien tu trabajo, de que rindes menos y de que lo que sale de tus manos ha perdido valor.

Estar quemada o quemado no es estar cansado

El cansancio se arregla durmiendo. El burnout no, y por eso desconcierta tanto: la persona descansa el fin de semana, vuelve el lunes y sigue igual de vacía.

Que la OMS lo sitúe en el contexto laboral tiene una consecuencia práctica que sí es nuestra: buena parte de lo que lo alimenta son condiciones y hábitos que se pueden mirar, ordenar y cambiar. La sobrecarga y la falta de control sobre el propio ritmo son, según el INSST, dos de los factores que más lo generan.

La raíz

Y debajo de todo esto, casi siempre, la autoestima

Cuesta separarlo. Quien lleva años diciendo que sí a todo no lo hace por generosidad: lo hace porque en algún momento aprendió que su sitio se gana cumpliendo.

Entonces el trabajo se come las noches, los límites no se ponen porque poner uno se siente como fallarle a alguien, y el descanso hay que merecerlo antes de tomarlo.

Por eso la autoestima no es un tema aparte en un proceso así. Es el suelo. Trabajar los límites sin mirar de dónde viene la dificultad para ponerlos es cambiar la agenda sin cambiar nada.

¿Te suena?

Puede que te reconozcas en alguna de estas escenas

El domingo por la tarde, con un nudo en el estómago que no tiene nombre y que aparece siempre a la misma hora.

Contestar correos a las once de la noche y llamarlo "adelantar trabajo".

Decir que sí antes de saber si puedes, y pasarte los días siguientes buscando cómo cumplirlo.

Llegar a casa y no tener nada que dar a las personas con las que vives, después de haber estado disponible para todo el mundo durante nueve horas.

Mirar el móvil nada más abrir los ojos, antes de saber siquiera cómo estás.

Sentir que el fin de semana entero se va en recuperarte del lunes al viernes, y que nunca sobra nada.

Estar de vacaciones y descubrir que no sabes qué hacer con el tiempo libre.

Aguantar una reunión pensando en todo lo que no estás haciendo mientras estás ahí sentada o sentado.

Tener el cuerpo dando avisos, la mandíbula, la espalda, el estómago, y seguir adelante como si eso fuera negociable.

Que te importe cada vez menos algo que hace tres años te importaba mucho, y que eso te asuste más que el cansancio.

Repasar por la noche una conversación de la mañana buscando qué dijiste mal.

Pensar "esto no puede ser toda mi vida" y guardarlo rápido, porque no es momento de plantearse nada.

Si has ido asintiendo, no te pasa nada raro. Le pasa a mucha gente, y hay una diferencia enorme entre seguir aguantándolo y ponerse a mirarlo con alguien delante.

Mujer joven sentada a una mesa con las manos en la cabeza, con gesto de agobio
Imagen generada con IA

Y no le pasa solo a quien lleva treinta años trabajando. A los veintitantos se llega igual de agotado, con la diferencia de que a esa edad casi nadie se atreve a decirlo en voz alta.

Cómo trabajamos

Qué hacemos en un proceso de coaching, en concreto

Sin humo. Esto es lo que ocurre de verdad.

01

Se empieza por ver el mapa completo

La primera conversación sirve para poner encima de la mesa cómo es tu día real, no el que te gustaría: dónde se te va la energía, qué sostienes que no te corresponde, qué llevas aplazando y desde cuándo.

De ahí sale una cosa que suele aliviar por sí sola: distinguir lo que depende de ti de lo que no. Una parte del agotamiento viene de pelear a diario con lo segundo.

02

Se trabaja sobre lo que sí se puede mover

Los límites, que es la conversación más incómoda y la que más cambia las cosas. La organización del tiempo y de la atención, que casi nunca es un problema de horas sino de criterio. Las decisiones pendientes, que pesan más aplazadas que tomadas. Y la relación que tienes con tu trabajo, que se puede revisar sin tener que dejarlo.

03

Se lleva al terreno, no al cuaderno

Cada sesión termina con algo concreto que probar antes de la siguiente, elegido por ti, del tamaño que puedas sostener. En la siguiente se mira qué pasó, incluido lo que no salió, que suele enseñar más.

04

Cuánto dura

Un proceso se plantea por bloques de sesiones, normalmente de tres, de seis o de nueve, según lo que haya sobre la mesa. Tres suelen bastar para ordenar y decidir algo concreto; los bloques largos son para cambios que necesitan sostenerse en el tiempo.

La primera conversación, esa sí, tiene una medida fija: treinta minutos, sin coste. El ritmo de las sesiones que vienen después se acuerda contigo en esa llamada, según lo que necesites.

05

Qué te llevas

Criterio propio para decidir sin dar tantas vueltas. Límites que sabes sostener sin sentir que estás fallando. Una manera distinta de repartir tu energía. Y la experiencia de haberlo probado ya, no solo de haberlo entendido.

06

Qué no te vamos a prometer

No te vamos a decir que la ansiedad desaparece, porque no está en nuestra mano y porque quien te lo prometa te está mintiendo.

Tampoco vamos a hablar de curar, de tratar ni de eliminar nada. Un proceso de coaching no hace eso. Lo que sí puede hacer es que dejes de sostener sola o solo un día que se ha vuelto insostenible.

Formación y experiencia

Quién te acompaña

Williams Ramos, socio fundador de Despierta con un Click y coach ICF con 2.500 horas de sesiones a sus espaldas. Coach Sistémico, Master Practitioner en PNL, Experto en Gestión Emocional, Experto en Comunicación no verbal y Facilitador en Constelaciones Familiares y Organizacionales.

No es psicólogo ni médico, y por eso el deslinde de arriba está escrito tal y como está.

Trabaja también con un equipo de coaches formados en la propia casa, así que si encaja mejor otra persona del equipo, se te dice.

Williams Ramos, coach fundador de La Tribu Despierta Williams Ramos, fundador de La Tribu Despierta.
Ubicación

Dónde y cómo

Las sesiones presenciales se hacen en el Centro Aurus, en Avenida Cercado Corazón 3, locales 9 y 10, 38107 Santa Cruz de Tenerife. También se trabaja online, que para muchas personas resuelve el problema real de encajar una sesión en una semana llena.

Teléfono: +34 601 423 053.

Lo que dicen quienes ya han pasado por aquí

Reseñas reales, publicadas en Google.

Sin seleccionar ni editar. Se cargan en directo desde la ficha de Google de La Tribu Despierta.

★★★★★ 5,0 sobre 5 Google
Hablamos

Una primera conversación, sin coste y sin compromiso

Treinta minutos para contar qué te está pasando y salir sabiendo dos cosas: si un proceso de coaching puede ayudarte con eso, y qué sería lo primero.

Si al escucharte vemos que lo que necesitas es atención psicológica, te lo diremos en esa misma conversación y te orientaremos hacia dónde ir.

  • Presencial en Centro Aurus, Santa Cruz de Tenerife, u online desde donde estés.
  • Teléfono: +34 601 423 053.
  • Coaching, no terapia: no diagnosticamos ni tratamos trastornos.

Coaching, no terapia. No diagnosticamos ni tratamos trastornos, y no sustituimos a ningún profesional sanitario.

Recibido.

Te escribiremos en cuanto podamos para concretar tu primera conversación gratuita de treinta minutos.

Antes de escribir

Preguntas frecuentes

¿El coaching sirve para la ansiedad?

Un proceso de coaching no trata la ansiedad, porque eso corresponde a un profesional sanitario. Sí puede trabajar sobre las condiciones que la rodean y la alimentan: la sobrecarga, los límites que no se ponen, la organización del día, las decisiones aplazadas. Son cosas distintas y conviene no confundirlas.

¿Cuál es la diferencia entre un coach y un psicólogo?

El psicólogo sanitario es un profesional titulado y regulado por ley que puede evaluar, diagnosticar y tratar problemas de salud mental. Un coach acompaña a personas que funcionan a decidir, organizarse y sostener cambios en su vida y en su trabajo. Ni la formación ni el marco legal son los mismos.

¿El burnout es una enfermedad?

No según la Organización Mundial de la Salud. Está recogido en la CIE-11 con el código QD85 como fenómeno ocupacional, dentro de los factores que influyen en el estado de salud, no como enfermedad.

¿Puedo hacer coaching si estoy en tratamiento psicológico?

En muchos casos sí, y conviene que tu profesional lo sepa. El coaching acompaña en paralelo, nunca en lugar del tratamiento.

¿Las sesiones son presenciales u online?

Las dos cosas. Presenciales en el Centro Aurus, en Santa Cruz de Tenerife, y online desde donde estés.

De dónde salen los datos de esta página: Organización Mundial de la Salud, Burn-out an occupational phenomenon (28 de mayo de 2019) y CIE-11, código QD85 · Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), ficha Estrés laboral · Asociación Americana de Psicología (APA), What's the difference between stress and anxiety? · Ministerio de Sanidad, línea 024 de atención a la conducta suicida.
Financiado por la Union Europea - NextGenerationEU. Kit Digital, Plan de Recuperacion, Transformacion y Resiliencia.